Diálogo en homenaje a S. Beckett o, en su defecto, a Roberto Gómez Bolaños
(Obra en un acto... de inconciencia)
La escena se desarrolla en la esquina entre la Avenida Pasado y la Cerrada Presente. José y María no se volverán a ver mañana, pero ellos sólo lo intuyen, por eso platican como un par de amigos lo hacen cotidianamente. Ella está vestida de civil y tiene puesta en la cabeza una bolsa de papel de estraza con dos hoyitos en los ojos. José está vestido de militar y trae en la cabeza un gato negro a manera de sombrero. El gato se llama "el gatito negro de Alicia".
(Obra en un acto... de inconciencia)
La escena se desarrolla en la esquina entre la Avenida Pasado y la Cerrada Presente. José y María no se volverán a ver mañana, pero ellos sólo lo intuyen, por eso platican como un par de amigos lo hacen cotidianamente. Ella está vestida de civil y tiene puesta en la cabeza una bolsa de papel de estraza con dos hoyitos en los ojos. José está vestido de militar y trae en la cabeza un gato negro a manera de sombrero. El gato se llama "el gatito negro de Alicia".
J.-- Tienes un cigarrillo.
M.-- No.
J.-- Bien, ¿me puedes dar uno?
M.-- Por supuesto, tómalo.
J.-- Pero me dijiste que no tenías.
M.-- Si te pones en ese plan, entonces no lo tomes.
J.-- Perdón, es que quiero dejar de fumar.
M.-- Eso es imposible. Se puede dejar de amar, de respirar o de ir al trabajo, pero es humanamente imposible dejar de fumar.
J.-- Tienes razón. Y ya que la tienes, me puedes explicar por qué cuando te fuiste aquella vez no pude dejar de pensar en ti.
M.-- La respuesta es muy sencilla: porque querías pedirme un cigarrillo.
J.-- Te equivocas esta vez. En esa época yo no fumaba.
M.-- Quien está equivocado eres tú, porque ahora sí fumas y cuando piensas en aquella época, como tú la llamas, lo haces desde la memoria. Y recuerda tus clases de ontología aplicada: la memoria sólo existe en el presente.
J.-- Eso quiere decir, entonces, que toda mi vida he fumado.
M.-- No, lo que significa es que me quieres y que haces cualquier cosa para seguir queriéndome.
J.-- Cierto. ¿Me das un beso?
M.-- Por supuesto que no, hueles a tabaco.
J.-- Tú también, seguramente.
M.-- Mentira, yo no fumo.
J.-- No, pero me quieres y harías cualquier cosa para seguir queriéndome.
M.-- ¿Por ejemplo?
J.-- Comprar diariamente cigarrillos en la tienda de la esquina.
M.-- Pero yo no fumo, ya te lo repetí mil veces (gesto de irritación).
J.-- Por eso.
M.-- ¿Por eso qué?
J.-- Por eso deberíamos darnos un beso.
M.-- Pero sólo uno.
J.-- ¿Por qué sólo uno?
M.-- Por que yo quiero a alguien más.
J.-- Tienes razón otra vez, mejor no me des un beso, dame un cigarrillo.
M.-- ¿Un cigarrillo?
J.-- Sí. De esta manera siempre te voy a querer.
M.-- Pero no tengo.
J. -- Esta bien, Me voy. Ten, te regalo mi gatito negro.
M.-- Pero está pegado a tu cabeza.
J.-- Bueno, también te regalo mi cabeza.
M.-- No.
J.-- Bien, ¿me puedes dar uno?
M.-- Por supuesto, tómalo.
J.-- Pero me dijiste que no tenías.
M.-- Si te pones en ese plan, entonces no lo tomes.
J.-- Perdón, es que quiero dejar de fumar.
M.-- Eso es imposible. Se puede dejar de amar, de respirar o de ir al trabajo, pero es humanamente imposible dejar de fumar.
J.-- Tienes razón. Y ya que la tienes, me puedes explicar por qué cuando te fuiste aquella vez no pude dejar de pensar en ti.
M.-- La respuesta es muy sencilla: porque querías pedirme un cigarrillo.
J.-- Te equivocas esta vez. En esa época yo no fumaba.
M.-- Quien está equivocado eres tú, porque ahora sí fumas y cuando piensas en aquella época, como tú la llamas, lo haces desde la memoria. Y recuerda tus clases de ontología aplicada: la memoria sólo existe en el presente.
J.-- Eso quiere decir, entonces, que toda mi vida he fumado.
M.-- No, lo que significa es que me quieres y que haces cualquier cosa para seguir queriéndome.
J.-- Cierto. ¿Me das un beso?
M.-- Por supuesto que no, hueles a tabaco.
J.-- Tú también, seguramente.
M.-- Mentira, yo no fumo.
J.-- No, pero me quieres y harías cualquier cosa para seguir queriéndome.
M.-- ¿Por ejemplo?
J.-- Comprar diariamente cigarrillos en la tienda de la esquina.
M.-- Pero yo no fumo, ya te lo repetí mil veces (gesto de irritación).
J.-- Por eso.
M.-- ¿Por eso qué?
J.-- Por eso deberíamos darnos un beso.
M.-- Pero sólo uno.
J.-- ¿Por qué sólo uno?
M.-- Por que yo quiero a alguien más.
J.-- Tienes razón otra vez, mejor no me des un beso, dame un cigarrillo.
M.-- ¿Un cigarrillo?
J.-- Sí. De esta manera siempre te voy a querer.
M.-- Pero no tengo.
J. -- Esta bien, Me voy. Ten, te regalo mi gatito negro.
M.-- Pero está pegado a tu cabeza.
J.-- Bueno, también te regalo mi cabeza.
En ese preciso instante, José se desvanece. María empieza a silbar y a caminar. Deja en la esquina a "el gatito negro de Alicia" y éste empieza a recordar, aunque lo único que le viene a la memoria es que debe dormir, pues ya son más de las tres de la mañana y al amanecer tendrá que acompañar a la más hermosa de las niñas Liddell a través del espejo para vivir por enésima ocasión la misma aventura.